Una autocaravana no es un piso

4–7 minutos

¿Alguna vez has tenido la sensación de que a tu autocaravana siempre le falta algo?

Más batería, más placas, más autonomía, un inversor más grande, aire acondicionado, internet por satélite…

Parece que siempre existe una mejora más esperando a la vuelta de la esquina.

Y lo curioso es que muchas veces, cuando conseguimos una de esas mejoras, no tardamos demasiado en pensar en la siguiente.

No creo que eso sea algo malo.

Muchas de esas mejoras tienen sentido y ayudan a viajar de forma más cómoda, segura y autónoma.

Pero cuanto más observo hacia dónde va el mundo camper, más me hago una pregunta.

¿En qué momento una autocaravana empezó a parecerse tanto a un piso?

Hace no tanto, muchas campers y autocaravanas llevaban poco más que una batería auxiliar, cuatro luces, una nevera y una calefacción estacionaria.

Hoy es fácil encontrarse vehículos capaces de ofrecer un nivel de comodidad que hace no tanto parecía impensable.

Y quizá ahí aparece una reflexión interesante.

Por muchas mejoras que añadamos, una autocaravana seguirá siendo un vehículo.

Cada vez queremos más comodidad

Cuando compré mi primera furgoneta, la mayoría viajábamos con mucho menos equipamiento del que hoy parece normal.

Y, sobre todo, sin la sensación constante de que siempre faltaba algo.

Y aun así, muchas personas recorrieron Europa, durmieron en invierno, pasaron calor en verano y disfrutaron viajando.

Hoy el escenario es muy diferente.

Basta pasar unos minutos en cualquier grupo camper para encontrarse grandes baterías de litio, aire acondicionado, internet por satélite, cafeteras de cápsulas o aplicaciones para controlar la instalación desde el móvil.

Y muchas de estas mejoras tienen sentido.

Han hecho que viajar sea más cómodo que nunca.

Lo curioso es que, poco a poco, lo que antes parecía un extra empieza a parecer una necesidad.

Y quizá por eso es tan fácil caer en la sensación de que siempre falta algo más.

Cuando internet se convierte en referencia

Llevo años leyendo grupos camper y viendo cómo evolucionan las conversaciones.

Hace años veías una camper o una autocaravana y pensabas en viajar.

Ahora muchas veces ves estos vehículos y parecen pequeños apartamentos sobre ruedas.

Las redes están llenas de interiores perfectos, autonomía «infinita», aire acondicionado funcionando en mitad de agosto, personas teletrabajando desde cualquier lugar o instalaciones capaces de alimentar casi cualquier cosa.

Y no hay nada malo en ello.

El problema es que, después de verlo una y otra vez, es fácil acabar pensando que ese nivel de equipamiento es lo normal.

O incluso que es lo necesario.

Pero las redes enseñan muy bien la parte bonita.

Lo que casi nunca enseñan es el calor acumulado después de horas al sol, el ruido de algunos aparatos, las pequeñas incomodidades que siguen apareciendo, el consumo real o esa costumbre de mirar el monitor de batería cada dos por tres «por si acaso».

Porque al final, por mucho litio, muchas placas o mucho aire acondicionado que instalemos, la física sigue ahí.

Igual que sigue ahí una tarde de agosto al sol en el Mediterráneo.

Viajar también es adaptarse

Hace poco me acordé de mi segunda furgoneta.

Una Trafic llena de ventanas, sin los aislamientos que hoy parecen imprescindibles y con una calefacción estacionaria bastante sencilla. Y aun así, muchas noches había que apagar la calefacción porque terminabas pasando calor dentro.

Eso te hace pensar.

Porque a veces parece que siempre necesitamos algo más para viajar cómodos. Más aislamiento, más batería o más equipamiento.

Y sin embargo, con el paso del tiempo me he dado cuenta de que muchas veces el confort no depende solo de lo que instalamos.

También depende de cómo viajamos: buscar sombra cuando aprieta el calor, evitar las horas más duras del día, abrir una ventana o simplemente salir fuera en lugar de intentar resolver cada incomodidad desde dentro.

Porque da igual que viajes en una pequeña camper, en una gran volumen o en una autocaravana. Hay situaciones que ningún equipo elimina por completo.

Quizá por eso adaptarse también forma parte del viaje.

El problema no es el confort

El problema no es querer viajar cómodo.

A todos nos gusta viajar más cómodos.

Lo que pasa es que a veces intentamos resolver cada pequeña incomodidad añadiendo algo más.

Y entonces ocurre algo curioso.

Muchas veces acabamos más pendientes de todo eso que del propio viaje.

  • ¿Llegará la batería?
  • ¿Cuánto está consumiendo?
  • ¿Cuánta energía han producido hoy las placas?
  • ¿Puedo encender esto también?
  • ¿Tengo cobertura?
  • ¿Cuánto queda para cargar?

Lo he visto muchas veces.

Y alguna vez también me he visto a mí mismo haciéndolo.

Porque casi sin darte cuenta empiezas a mirar más la pantalla que el paisaje.

No siempre ocurre.

Pero es una situación bastante más habitual de lo que parece.

Cómo van a envejecer todas estas instalaciones

Cuando veo una instalación recién terminada, hay algo en lo que cada vez pienso más.

No en cómo va a funcionar mañana.

Sino en cómo será dentro de diez años.

Porque una camper, una autocaravana o una caravana pasan años moviéndose entre vibraciones, calor, humedad, baches y kilómetros.

Y todo eso termina pasando factura.

Hay una pregunta que cada vez me hago más a menudo cuando veo algunas instalaciones:

¿Quién va a entender esto dentro de unos años?

Porque he visto vehículos de segunda mano con interruptores que nadie sabe para qué sirven, modificaciones hechas por distintos propietarios o sistemas que solo entiende quien los instaló.

Por eso una instalación no solo debería funcionar bien el día que se termina.

También debería poder entenderse, mantenerse y repararse dentro de unos años.

La pregunta quizá era otra

A veces tengo la sensación de que internet nos ha llevado poco a poco a pensar que siempre necesitamos algo más.

Y en algunos casos será verdad.

Pero en muchos otros, quizá bastaría con hacerse una pregunta mucho más sencilla.

¿Cómo viajo realmente?

Porque no necesita lo mismo quien pasa tres meses seguidos viajando que quien sale algunos fines de semana.

No necesita lo mismo quien pasa medio verano en el Mediterráneo que quien suele viajar por el norte.

Y tampoco busca lo mismo quien quiere tener todas las comodidades posibles que quien simplemente quiere salir, parar en cualquier sitio y estar tranquilo.

Quizá por eso muchas veces no se trata de tener más.

Se trata de tener lo que realmente vas a usar.

Porque una autocaravana nunca será un piso.

Y quizá tampoco necesita serlo.