El inversor: uno de los errores más caros en tu camper

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Ya lo tienes bastante claro. Vas a comprar un inversor grande porque, aunque ahora no lo necesites, quizá algún día quieras utilizar una cafetera, un secador o cualquier otro aparato a 230 V.

Y puestos a comprar uno, mejor que sobre.

El problema es que el inversor que eliges «por si acaso» puede acabar obligándote a cambiar la batería, revisar el cableado, las protecciones o incluso la forma de recargarla.

Lo que parecía comprar un equipo un poco más grande termina afectando a buena parte de la instalación.

Y ese «por si acaso» puede salir bastante más caro de lo que parecía.

¿Por qué un inversor no siempre resuelve el problema?

Imagina que tienes un inversor de 1.000 W y quieres conectar algo que necesita más potencia. La solución parece bastante clara: cambiarlo por uno de 2.000 W.

Pero al hacerlo no has conseguido más energía. Lo que has hecho es permitir que la instalación pueda consumirla mucho más rápido.

Y ahí es donde empiezan las sorpresas.

La batería tiene que entregar más corriente. El cableado debe soportarla. Las protecciones tienen que estar preparadas y, si utilizas esa potencia durante suficiente tiempo, después tendrás que recuperar toda esa energía.

Has cambiado el inversor, pero el problema puede aparecer ahora en cualquier otra parte de la instalación.

Cuando empiezas a pensar en todo lo que podrías conectar

La cafetera, el secador, el microondas, una placa de inducción…

Puede que hoy no utilices ninguno de ellos. Pero empiezas a pensar que algún día podrían venirte bien y, puestos a elegir un inversor, parece lógico comprar uno que pueda con todo.

Por si acaso.

El problema no está en querer viajar con más comodidad. Está en elegir pensando en todos los aparatos que podrías utilizar algún día, sin tener claro cuánto los vas a usar ni qué van a exigir al resto de la instalación.

Porque no es lo mismo preparar la camper para una cafetera que utilizas cada mañana que hacerlo para una placa de inducción que quizá conectes dos veces al año.

Y poco a poco, casi sin darte cuenta, dejas de elegir el inversor para lo que necesitas y empiezas a preparar la instalación para todo lo que podrías llegar a necesitar.

Cuanto más larga sea la lista del «por si acaso», más fácil es acabar preparando una instalación para una forma de viajar que quizá nunca llegue.

Si quieres entender por qué añadir más potencia no siempre resuelve el problema, en este artículo lo explico con más detalle.

No es lo mismo utilizarlo cinco minutos que durante horas

Hay otro detalle que es fácil pasar por alto cuando haces la lista de aparatos que quieres conectar: cuánto tiempo vas a utilizarlos.

Una cafetera puede exigir bastante a la instalación, pero funciona durante unos minutos. Un ordenador consume mucho menos, aunque puede estar conectado durante varias horas.

Y luego está tu forma de viajar.

Si cada día arrancas y haces kilómetros, tendrás más oportunidades de recuperar parte de la energía que has utilizado. Si pasas dos o tres días en el mismo sitio, la situación cambia.

Por eso no basta con saber si el inversor puede encender un aparato. También hay que pensar cuánto tiempo va a estar funcionando y cómo vas a recuperar después esa energía.

Dos personas pueden utilizar el mismo inversor y necesitar instalaciones completamente distintas.

El tiempo que pasas parado también forma parte de la instalación que necesitas.

Cuándo tiene sentido un inversor

Un inversor tiene sentido cuando hay algo a 230 V que realmente quieres utilizar y la instalación está preparada para hacerlo.

Puede ser una cafetera cada mañana. Un ordenador con el que trabajas varias horas. Un microondas que utilizas a diario o una placa de inducción porque has decidido cocinar sin gas.

No hay un aparato que justifique por sí solo instalar un inversor ni una potencia que sirva para todo el mundo.

La diferencia está en si ese uso forma parte de tu manera de viajar o solo aparece en la lista de cosas que quizá quieras utilizar algún día.

Porque si sabes qué quieres conectar, cuánto tiempo vas a utilizarlo y cómo vas a recuperar la energía después, ya no estás comprando un inversor «por si acaso».

Estás eligiendo una herramienta para algo que realmente necesitas.

El problema nunca fue el tamaño del inversor

Al final, el problema nunca fue elegir un inversor grande o pequeño.

El problema es comprarlo pensando en todo lo que quizá quieras conectar algún día y descubrir después que el resto de la instalación también tiene que acompañarlo.

Si realmente necesitas 230 V para tu forma de viajar, perfecto. El inversor está para eso.

Pero antes de elegirlo, merece la pena tener claro qué vas a conectar, cuánto lo vas a utilizar y de dónde va a salir toda esa energía.

Porque el «por si acaso» también se paga.

Si quieres entrar en la parte más práctica, en la página sobre inversores explico de forma sencilla qué conviene mirar antes de elegir uno.