Tenemos una autocaravana para poder decidir sobre la marcha dónde ir, cuánto tiempo quedarnos y cuándo continuar. Pero llega agosto y muchos terminamos reservando con antelación hasta el lugar donde vamos a dormir.
A mí también me pasa. Si viajo con mi familia a la costa en pleno verano, no salgo de casa sin saber dónde vamos a quedarnos. En cambio, si viajara solo con mi pareja, probablemente prepararía una ruta, tendría varios planes B y me extrañaría bastante acabar en un camping.
Entonces, ¿hemos perdido parte de esa libertad que buscábamos cuando compramos una autocaravana? Después de este verano, creo que la respuesta no es tan sencilla.
Dos viajes con la misma autocaravana
A finales de julio pasamos nuestras vacaciones en un camping-resort de la costa de Tarragona. Habíamos reservado la parcela con unos dos meses de antelación, así que durante esos días sabíamos perfectamente dónde íbamos a dormir. Teníamos nuestra parcela, piscinas, restaurantes y prácticamente todos los servicios que podíamos necesitar sin salir del recinto.
A título personal, no es el tipo de camping que más me gusta. Entiendo perfectamente que haya familias que busquen precisamente ese modelo, pero yo prefiero lugares más pequeños y tranquilos, donde el camping o el área sean más un punto desde el que conocer lo que tenemos alrededor.
Unos días después de regresar a casa quisimos hacer otra escapada familiar de dos o tres días. Empezamos mirando campings por el norte y nos encontramos con que muchos de los que nos interesaban, tanto grandes como pequeños, estaban completos.
Podíamos seguir buscando, pero hicimos algo mucho más sencillo: cambiamos el planteamiento.
Terminamos en Casalarreina, un pequeño pueblo de La Rioja con un área gratuita para campers y autocaravanas. Allí pasamos tres días completamente distintos a los del camping-resort, con gente alrededor, pero sin ese bullicio que solemos encontrar en determinados destinos durante agosto.
Si me preguntas qué ambiente prefiero, personalmente me quedo con este último. Pero no porque un área sea mejor que un camping. Son formas diferentes de viajar y cada una tiene su momento.
Depende de cómo viaje y con quién viaje
Esta probablemente sea mi respuesta si alguien me pregunta si soy de camping o de viajar por libre: depende de cómo viaje y con quién viaje.
Cuando viajamos en familia busco determinadas cosas. Mis hijas son adolescentes y sus vacaciones también cuentan. Si hace calor, una piscina ayuda mucho. Tener un pueblo cerca donde podamos pasear, tomar algo o entrar en alguna tienda también suma. Y la cobertura del móvil, aunque para mí pueda ser secundaria, para ellas es prácticamente imprescindible.
Si además hablamos de costa y agosto, lo tengo claro: con mi familia no me voy sin tener un sitio donde quedarnos.

En agosto y con la familia, tener un sitio reservado también nos permite hacer vida fuera de la autocaravana.
Sin embargo, si mañana pudiera marcharme una semana solamente con mi pareja, no me plantearía tanto un destino como una ruta. Tendría una idea bastante clara de por dónde queremos movernos, miraría algunos lugares donde poder parar y, como hago casi siempre, llevaría un plan B por si alguno falla.
Si llegamos a un pueblo y estamos a gusto, podemos quedarnos un día más. Si no nos aporta demasiado, seguimos hasta el siguiente. Con un lugar donde aparcar correctamente, algún compañero cerca con quien charlar, un bar donde tomar un café o una cerveza y un pueblo por conocer, probablemente ya tengamos suficiente.
Y me extrañaría bastante que termináramos en un camping.
Si sé que voy a encontrar sitio, ¿para qué reservar?
Aquí aparece una de las contradicciones que me ha hecho pensar durante estos días.
Si supiera que en agosto puedo llegar a un destino y encontrar sitio sin problemas, probablemente no reservaría. ¿Para qué voy a decidir desde casa que estaré allí siete noches si cuando llegue puedo descubrir que con tres tengo suficiente o que me apetece quedarme diez?
El problema es que esa seguridad no siempre existe, especialmente cuando juntamos agosto, familia, costa y destinos muy turísticos.
A veces damos por hecho que existe una única forma de viajar en autocaravana, cuando probablemente tenga más sentido quitar un poco de ruido y pensar qué necesitamos realmente en cada viaje.
Lo noto simplemente circulando. Hay muchas más autocaravanas y campers en las carreteras, en las estaciones de servicio y en los pueblos. Eso no significa que exista masificación en todas partes. Yo esa palabra la reservaría para determinados lugares, especialmente algunas zonas de costa en pleno verano.
Los datos, además, confirman que somos muchos más. Según la DGT, en 2015 había alrededor de 48.000 autocaravanas y furgonetas camperizadas registradas en España; en 2026 el parque se aproxima a las 137.000. Prácticamente se ha triplicado en poco más de una década.
A mí no me molesta que seamos más. Absolutamente nada. Pero cuando muchos queremos estar en el mismo sitio y durante las mismas fechas, el espacio disponible sigue siendo el que es. Y en la costa se nota: encontrar dónde aparcar correctamente una autocaravana cerca del mar o incluso en algunas urbanizaciones próximas puede resultar realmente complicado.
A veces el plan B acaba siendo el viaje
Casalarreina no apareció porque lleváramos meses soñando con pasar allí nuestras vacaciones. Surgió buscando una alternativa para una escapada corta.
Y funcionó.
El área es sencilla y gratuita, pero nos permitió tener la autocaravana correctamente situada y hacer la vida fuera de ella. Utilizamos las piscinas municipales, paseamos por el pueblo, comimos fuera un par de días y estuvimos tranquilos.

Un área sencilla, bien situada y con lo necesario. A veces no hace falta mucho más para disfrutar de unos días.
Eso también me parece una buena forma de que un municipio reciba a quienes viajamos en camper y autocaravana. No necesito que un área tenga de todo. Muchas veces prefiero que sea el propio pueblo el que tenga algo que ofrecerme.
Tampoco voy a idealizar Casalarreina. Personalmente creo que es un lugar para pasar un par de días. Para una semana probablemente buscaría otra cosa. Pero estando relativamente cerca de casa, me parece un sitio estupendo para tener en cuenta para una escapada de fin de semana.
Al final, tampoco necesito encontrar siempre el lugar perfecto. Con que encaje con el viaje que estamos haciendo en ese momento, me vale.
Viajar también es solucionar lo que va pasando
Y luego está otra parte de viajar en autocaravana de la que hablamos bastante menos.
Las cosas se rompen. O simplemente dejan de funcionar como esperábamos.
Durante nuestras vacaciones por Tarragona tuvimos varios ejemplos. La nevera trivalente empezó a darnos problemas precisamente cuando más la necesitábamos, con calor y humedad. Durante unos días llegué incluso a plantearme cambiarla, aunque después de hacer pruebas y entender mejor qué estaba ocurriendo la decisión fue otra.
También tuvimos un problema con la claraboya grande. No estábamos en casa, no podíamos hacer una reparación definitiva y había que solucionar la papeleta. Tocó asegurarla y encintarla bien para poder continuar el viaje y, una vez en casa, buscar una solución mejor.
Y pocos días después apareció otro problema.
Al regresar de Casalarreina descubrimos que la autonomía de las baterías de la vivienda había caído muchísimo. Probablemente no era algo que hubiera ocurrido de repente. Seguramente llevaban un tiempo avisando, pero durante las vacaciones habíamos estado conectados a 230 V en el camping y el problema había quedado oculto.
Cuando volvimos a depender realmente de nuestra instalación, apareció.
Y ahí agradecí tener otro de esos planes B: nuestra estación de energía. La Bluetti nos permitió salir del paso aquella noche y continuar utilizando lo necesario hasta poder entender qué estaba ocurriendo.
Quizá para viajar en autocaravana haya que ser un poco “chapucillas”, pero entendido en el buen sentido. No hablo de hacer una instalación eléctrica de cualquier manera ni de reparar algo importante con cinta y olvidarnos para siempre. Hablo de saber improvisar una solución provisional cuando estás fuera de casa, llevar unas herramientas básicas y tener alternativas para que un pequeño problema no termine convirtiéndose en el final del viaje.
Porque la libertad de una autocaravana tampoco consiste en que nunca falle nada. A veces consiste simplemente en tener margen para continuar cuando algo falla.

El 99 % decía una cosa. Los 10,68 V contaban una historia bastante diferente.
Viajar por libre no significa hacer lo que queramos
Hay otra cuestión que creo que conviene separar.
Viajar por libre tampoco significa que todo tenga que ser gratis. Personalmente soy partidario de las áreas públicas, pero no tengo ningún problema en pagar por utilizar un área municipal o privada si existe un servicio detrás y el precio tiene sentido.
Limpiar, mantener una zona de vaciado, proporcionar agua y conservar unas instalaciones cuesta dinero. Incluso prefiero una pequeña tarifa y unas instalaciones cuidadas antes que ver un área completamente abandonada.
Y lo mismo pienso de las normas. Todos deberíamos saber la diferencia entre estacionar, pernoctar y acampar. Vaciar un poti donde no corresponde o convertir cualquier aparcamiento en nuestra parcela particular no es defender nuestros derechos.
Tampoco creo que los autocaravanistas tengamos siempre la verdad absoluta frente a los ayuntamientos. Si un municipio establece determinadas limitaciones, tendrá sus motivos y habrá que conocerlos antes de decidir que está persiguiendo a las autocaravanas.
Si finalmente un pueblo no quiere que estemos allí y no ofrece ninguna alternativa, yo lo tengo bastante fácil: sigo mi ruta y conozco otro.
También eso es libertad.
Entonces, ¿camping o viajar por libre?
Después de estas semanas tengo todavía menos clara una respuesta universal.
Nuestras vacaciones en un camping-resort de la costa y los tres días que acabamos de pasar en Casalarreina no son comparables. No buscábamos lo mismo y tampoco necesitábamos lo mismo.
Una semana puedo querer una parcela reservada, piscinas y todos los servicios alrededor. La siguiente puedo preferir un área sencilla junto a un pueblo. Y si viajo solamente con mi pareja, probablemente quiera llevar una ruta, varios planes B y ninguna reserva.
La misma autocaravana sirve para hacer las tres cosas.
Quizá por eso la pregunta no debería ser si somos de camping o de viajar por libre. Tampoco creo que reservar nos haga menos libres ni que dormir en un área nos convierta automáticamente en viajeros más auténticos.
Para mí, la libertad está en poder elegir cómo quiero hacer cada viaje y tener margen para cambiarlo cuando las cosas no salen como esperaba.
Porque después de este verano, si alguien me pregunta si prefiero camping o viajar por libre, sigo teniendo la misma respuesta:
Depende de cómo viaje y con quién viaje.

